Psicoespiritualidad
Psicología
El mundo de las emociones que son como lo define la RAE la "alteración de ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática” (2014), estas son parte del equipaje vital del ser humano y a través de ellas se expresan y viven las formas y los estilos de vida.
Psicoespiritualidad
La psicoespiritualidad, vista desde el lente de la Ecopsicosofía, no es simplemente una búsqueda de paz interior aislada, sino una profunda metamorfosis del pensamiento y del ser que busca sanar la ruptura entre el individuo, su esencia consciente y el entorno vital. Este enfoque surge como respuesta a una crisis de sentido y civilización generada por el pensamiento fragmentado y reduccionista de la modernidad.
Fundamento de la Ecopsicosofía Para comprender esta dimensión psicoespiritual, debemos desglosar la raíz de la Ecopsicosofía (Οίκος-Ψυχή-Σοφία), la cual integra tres dimensiones inseparables:
- Psychē (El factor Psico): Representa el alma o la esencia consciente del ser humano. Desde esta perspectiva, la psique debe ser autopoiética, es decir, un principio de vida que se auto-organiza continuamente. Sin embargo, su salud y autonomía están ligadas de forma inalienable a la salud del ecosistema.
- Sophia (El factor Espiritual): No se refiere únicamente al conocimiento intelectual, sino a la sabiduría como la capacidad de autoconocerse, autotransformarse y auto-trascenderse. Es la integración del saber científico con la experiencia vital para establecer una conexión coherente con el mundo.
- Oikos (La Casa Común): Es el escenario vital que exige cuidado y una administración sabia (oikonomía). La psicoespiritualidad ecopsicosófica desplaza el “yo” del centro para reconocer que la Tierra es nuestra casa común de la cual somos parte inherente.
Hacia un Sujeto Planetario La psicoespiritualidad entendida desde la Ecopsicosofía transforma al individuo de un sujeto fragmentado a un sujeto consciente y planetario. Este nuevo ser asume su autonomía interna forjada en el cuidado de sí, pero acepta su dependencia externa con sabiduría y responsabilidad hacia la “Casa Común”. Se trata de un “reencantamiento del mundo” donde el asombro y la reverencia por la vida se convierten en la fuente de una empatía ecológica y ética profunda.

