Ecopsicosofía y café
Café Limaguiaco Aroma y sabor que perpetúan el tiempo
La palabra Limaguaico, tiene un origen etimológico híbrido, muy común en la toponimia de Nariño, donde se mezclan raíces del quichua (quechua), influencias de la lengua quillacinga original y el castellano. El sufijo “-guaico” (o “waico”). Es el componente más claro y proviene del quichua wayqu que se traduce como quebrada, cañón o hondonada. En la región de Buesaco y el resto de Nariño, el término guaico no solo describe la geografía (un valle estrecho y profundo), sino también un microclima: las tierras cálidas que se encuentran en el fondo de los cañones andinos (como el del río Buesaquito y al fondo, el rio Juanambú) son ideales para cultivos que no se dan en el páramo.
Saborear un buen café
Los momentos más agradables o difíciles de la vida se disfrutan y se calibran con el sabor de un buen café.
Ecopsicosofia y café
Tomarse una taza de café Limaguico, compartiéndola con otros, es entrar en una experiencia mística con el territorio como interlocutor vivo (sentipensar), donde la noción de un cañón que “habla” se sostiene en la superación del dualismo sujeto-objeto. Arturo Escobar propone que la tierra tiene una agencia propia que el ser humano debe aprender a descifrar. “Sentipensar con la tierra es la conciencia de que el territorio es un interlocutor vivo con el que entramos en una danza de mutuo aprendizaje”[1], y el café no solo estimula, sino que también motiva a compartir experiencias personales y familiares, abriendo espacios de acogida y de encuentro.
[1] Arturo Escobar, Sentipensar con la tierra: Nuevas lecturas sobre desarrollo, territorio y diferencia (Medellín: Ediciones Unaula, 2014), 16.
[1] Arturo Escobar, Sentipensar con la tierra: Nuevas lecturas sobre desarrollo, territorio y diferencia (Medellín: Ediciones Unaula, 2014), 16.
